
Para responder a esta pregunta sin miedo a equivocarme (antes ni siquiera de responder) es necesario que establezcamos primeramente un rasero en base al cuál medir y entrar a valorar qué es justificado y qué desorbitado en materia de salarios de dirección. En mi opinión, no hay duda que la principal tabla de medir a un ejecutivo en este sentido debería ser el valor que éste aporta a la entidad para la que presta sus servicios. La ecuación no deja lugar a la duda: siempre que este valor aportado por el directivo sea superior al salario percibido, las retribuciones que estos ejecutivos perciben, por desorbitadas que a ojos de la opinión pública puedan parecer, tendrán su justificación empresarial.
Al hilo de esta reflexión, no dejo de preguntarme porqué a la gente le sigue sorprendiendo y le irrita que primeros espadas de grandes empresas como por ejemplo Alfredo Sáenz, CEO del Banco Santander, cobre 9,2 millones de euros al año y sin embargo acepte con orgullo que deportistas como Cristiano Ronaldo se embolsen al año casi la misma cantidad. Al fin y al cabo Sáenz, el ejecutivo mejor pagado de España, fue también el máximo responsable de que el Banco Santander presentara en 2010 un resultado de 8.943 millones de euros, el mayor de toda la banca española y uno de los mayores de la banca a nivel mundial ¿no parece ser ésta suficiente justificación? Volviendo a ese rasero imaginario que hemos planteado. ¿En base a qué debería ser percibido el valor de Cristiano Ronaldo? ¿Ingresos publicitarios? ¿Goles marcados? Estoy seguro de que al contrario de lo que puedan opinar muchos madridista (y yo soy uno de ellos), no me parece que estos logros sean más justificables que los llevados a cabo por el mencionado ejecutivo bancario, sino más bien al contrario. Y me mantengo en esta opinión, pese a todas las voces de condena que siguen escuchándose en contra de las altas retribuciones de estos banqueros de inversión a raíz de casos como el de “Madoff “o “Lehman Brothers”, como si estos sueldos hubieran sido los únicos causantes de todos los males que ocurrieron. Ojalá fuera tan sencilla la explicación.
En términos generales, considero que la política salarial más justa percibida por un directivo (deba saberse que por declinación profesional siempre escribo pensando en el sector financiero) debería contener un salario fijo acorde al mercado de trabajo; alineado con sus homónimos y otro variable vinculado a la consecución de unos determinados objetivos. Dependiendo del performance de cada profesional en la compañía, este valor añadido sería traducido a: mayores beneficios, crecimiento internacional, desarrollo de equipos, reducción de costes etc. Sin embargo, más allá de estas variantes, lo realmente importante debería ser que buena parte de la retribución total de un directivo quedara ligada a unos objetivos pactados.
En este sentido, en los últimos años dentro del sector financiero, se viene produciendo una regulación de este salario variable, en gran parte debido al seguimiento de la norma europea. El bono que percibe un directivo del sector bancario al final de un ejercicio suele estar dividido en: una tercera parte en efectivo, una tercera parte se cobra en acciones de la compañía a tres años y una tercera parte que se cobrará dentro de cinco años. Debido a que obrando de esta manera el valor real de estos bonos ahora es bastante inferior a los bonos de años anteriores, la otra tendencia en el sector ha sido incrementar los salarios fijos para que el gap, es decir, la diferencia entre la retribución total percibida antes y ahora no sea tan considerable. ¿Cuáles son las reacciones generales de estos directivos frente al estancamiento o disminución de los sueldos en estos momentos de crisis? Esa pregunta merece ser respondida en un solo post. En concreto, en el siguiente.