
La entrevista de trabajo de un Directivo guarda ciertas diferencias respecto del modelo utilizado con perfiles más juniors. Así por ejemplo, la duración de la entrevista de un candidato senior suele oscilar entre una hora y hora y media y en el caso de perfiles más bajos no tienden a superar los cuarenta y cinco minutos. Esta variación en el tiempo encuentra su razón de ser en la propia naturaleza del proceso de selección. Es decir, cuanto más alto es el cargo del perfil solicitado mayor suele ser el tiempo de dedicación con cada uno de los aspirantes y menor el número de candidatos entrevistados. Asimismo, otra de las características que diferencia la entrevista realizada a un Directivo de cualquier otra, es la manera en la que ésta discurre. En primer lugar, el entrevistador comienza incidiendo en aspectos relacionados con el plano personal. En concreto, nuestro interés se dirige a conocer aquellas posibles relaciones personales y profesionales presentes en su entorno que pudieran suponer algún conflicto de interés para nuestro cliente. De igual forma, siempre tratamos de conocer de inicio cuál es la palanca de cambio que motiva la marcha del candidato: mayor poder, responsabilidad, “cambio de aires” etc. A diferencia del resto de profesionales por debajo en la escala de mandos, un Directivo no suele cambiar de empresa por razones económicas.
Seguidamente, lo que se le pide también al candidato es que describa de forma concreta los principales logros cuantificables cosechados a lo largo de su etapa profesional. Sobre todo, pretendemos conocer sus habilidades de management. Por lo que respecta a la formación y conocimientos técnicos valorables para la adecuación al puesto, estos son abordados de forma muy concreta. Esto ocurre así porque el entrevistador suele sobreentender por los méritos descritos anteriormente que el candidato también es conocedor de ese otro entorno más técnico, aunque no sea lo más importante. En este sentido, el aspecto más valorable y aquel que es tenido más en cuenta por los headhunters durante una entrevista es el potencial encaje personal y cultural que ese directivo pueda llegar a tener con la propia cultura e identidad de la empresa ofertante. Este aspecto llega a ser importante hasta tal punto que, la influencia que esta valoración ejerce sobre la toma de decisión final una vez llegados a la fase de la entrevista, roza el 60%. Por lo que respecta al 40% restante, otros elementos ponderables son las referencias aportadas por el candidato y su imagen general. Los profesionales finalistas deben aportar varios referenciantes de superior jerarquía con los que éste haya trabajado en diferentes posiciones. Básicamente, la pregunta que resumiría la conversación que llegamos a mantener con estas personas es: ¿si tuvieras la oportunidad de volver a trabajar con él volverías a contratarle?
Por lo que se refiere a la mayor o menor importancia que la imagen puede llegar a tener para un proceso concreto, ésta dependerá del sector específico para el que el Directivo sea requerido. A mi entender, aunque es obvio que una determinada imagen dotará al candidato de un posicionamiento previo frente al entrevistador, este primera impresión nunca debería quedar demasiado alejada de la propia identidad del candidato. “Ser uno mismo”, esta debe ser la primera premisa con la que un Directivo o cualquier profesional acudan a una entrevista.